Arreglarlo tú mismo… hasta que la lías.

Esto es tan curioso como absurdo, pero es el primer impulso que tenemos todos. Hazte un café, una cervecita, o una copa de vino. Lo que prefieras [...]

5/21/20251 min read

Esto es tan curioso como absurdo, pero es el primer impulso que tenemos todos.

Hazte un café, una cervecita, o una copa de vino.
Lo que prefieras.

Y dime si no te ha pasado algo parecido.

En casa tengo tres baños.

¿Es esto importante?
Para nada.

Pero espérate, que lo importante viene ahora.

Uno de ellos está en el dormitorio de arriba.
Solo lo uso en ocasiones: noches puntuales o si hay invitados.

Ayer subí a media tarde a quitar el nórdico (que ya iba siendo hora),
y ya que estaba… me entraron ganas de ir al baño.

No iba a bajar. Faltaría más.

Bajo la tapa del váter…

Y aquello se desmonta por completo.

Inencajable.
Partido.
Un poema.

Automáticamente: Andrea.

(Aunque me da pánico verlo con una herramienta en la mano.)

“Espérate, que esto lo arreglo en un momento.”

¿Un momento?

Dos horas más tarde.
Cinco tutoriales de YouTube.
Un bote de silicona.

Y el váter… aún más destartalado.

Al final llamé a un profesional.

Esta mañana, en 30 minutos, lo dejó perfecto.

Y tu con la IA puedes hacer lo mismo:

  • Ver 100 tutoriales

  • Seguir a 20 gurús que te sueltan plantillas copia-pega

  • Probar mil cosas sin entender por qué nada encaja

Y acabar más confundido que al principio.
(O peor, creyendo que lo estás haciendo bien cuando no lo estás.)

O puedes hacer esto:

Dejarlo en manos de alguien que sabe.

Media hora puede cambiarte el váter… o el negocio.